San Juan; Sonia Delgado: "El éxito de una mina no se mide en onzas, sino en cómo le cambia la vida a la gente"
- 24 de marzo, 2026
Primera mujer en presidir una minera en el país, destaca que logros de Hualilán se basan en el impacto social positivo,la generación de empleo local y la ruptura de barreras de género en la industria
La primera mujer en presidir una minera en Argentina, destaca que los logros de Hualilán se basan en el impacto social positivo, la generación de empleo local y la ruptura de barreras de género en la industria.
La titular de Golden Mining resaltó poner en funcionamiento una nueva mina de oro en San Juan tras 17 años: “Sentimos que es un hecho histórico”.
Sonia, bienvenida al programa “Minería y Voz”. San Juan no vivía el nacimiento operativo de una mina desde hace 17 años. ¿Qué sentiste a nivel personal al ver ese primer camión salir del yacimiento?
Hola, Leo. Fue mucha adrenalina y, sobre todo, la satisfacción de ver un hito cumplido. Hay muchísimo trabajo detrás de todo el equipo. Ver los resultados después de tanto tiempo nos generó una alegría inmensa; sentimos que cumplimos con un hecho histórico.
Es un mensaje muy fuerte para la provincia. Durante años se habló del potencial minero de San Juan… ¿Hualilán es la prueba de que el potencial ya es realidad?
Sin dudas. Pasamos de los anuncios a los hechos concretos. San Juan vuelve a tener una nueva mina de oro en producción y creo que, efectivamente, estamos escribiendo un nuevo capítulo en la minería provincial.
Un proyecto de esta magnitud no está exento de desafíos. ¿Qué “murallas” tuvieron que derribar o qué consensos hubo que construir para llegar a este día?
Más que derribar murallas, nos enfocamos en construir acuerdos. Escuchamos las inquietudes de la comunidad de Calingasta respecto al uso de las rutas y ajustamos nuestra logística. Aunque tenemos autorización para transportar hasta mil toneladas diarias con camiones de gran porte, hoy estamos operando con una carga menor y menos vehículos de lo permitido. Lo hacemos para ajustar procesos y generar confianza. Queremos demostrar que no venimos a generar inconvenientes, sino impacto económico y social directo.
Hablas de impacto directo y eso se traduce en nombres y apellidos. ¿Cómo está reaccionando el entramado productivo local?
Hoy ya tenemos 12 proveedores de Calingasta trabajando con nosotros en alimentación, alojamiento y mantenimiento. Pero lo más emocionante es el empleo. Hace poco hablé con uno de nuestros banderilleros; él llevaba dos años viviendo de trabajos temporales por jornada para mantener a sus cinco hijos. Escucharlo decir que ahora tiene un sueldo seguro y que puede darle educación a su familia, es lo que realmente importa. Esas historias son las que cuentan cuál es la realidad de nuestro trabajo.
Al final del día, parece que el éxito de una mina no se mide solo en onzas de oro, sino en cómo le cambia la vida a una persona.
Totalmente, se mide en cómo la minería puede cambiar realmente la vida de las personas. Las historias humanas son las que materializan el esfuerzo de tantos años y le dan sentido al impacto que buscamos generar.
Hablábamos del impacto personal, pero si lo vemos a gran escala, ¿qué le genera este proyecto a Ullum y Calingasta a nivel regional?
Hualilán tiene una logística muy particular. Estamos a solo 90 minutos de la ciudad y sobre ruta pavimentada. Durante los tres años que dure el toll milling (procesamiento), el impacto será compartido: el mineral se extrae en Ullum, pero se procesa en la planta industrial de Calingasta. Hoy ya contamos con 13 proveedores de Ullum y 12 de Calingasta. En cuanto al empleo, tenemos 76 personas en nómina propia y unos 150 empleados indirectos, de los cuales la gran mayoría pertenecen a ambos departamentos. El beneficio económico es concreto y tangible.
Me sorprende que ya tengan personal capacitado desde el día uno. Esto habla de un trabajo previo muy fuerte. No es que la formación empezó con el primer camión, ¿verdad?
Absolutamente. Venimos trabajando hace mucho tiempo. Por ejemplo, acabamos de entregar certificados de manipulación de alimentos a 100 personas en Ullum. Son certificados oficiales que duran tres años y les sirven para trabajar tanto en la mina como en cualquier otro rubro. Estamos preparando a la gente para el mercado laboral en general, no solo para nuestra operación.
Es decir, están dejando capacidad instalada en el departamento más allá de la minería.
Exactamente. De hecho, tuvimos una ronda de negocios. Queremos vincular a las cámaras de proveedores de Ullum —donde ya hay una formada y otra en camino— con nuestros contratistas principales para que se inserten definitivamente en la cadena de valor.
Es notable cómo cambia la vida institucional. Aparecen cámaras, hay mesas de diálogo, formación constante… ¿Qué sigue ahora en esa hoja de ruta de crecimiento?
El gran cambio viene por la profesionalización del compromiso social. En Golden Mining, todos nuestros contratos con proveedores incluyen dos cláusulas innegociables: primero, la obligación de presentar y cumplir un plan de relacionamiento comunitario medido por indicadores (KPI). Y segundo, la obligación de contratar y, sobre todo, capacitar un porcentaje determinado de mano de obra local.
O sea que el compromiso con el pueblo está fijado por contrato, no queda librado a la buena voluntad.
Así es. No solo se trata de dar empleo, sino de formar a esa persona. Queremos que el proveedor se involucre en el crecimiento de la comunidad de la misma forma que lo hacemos nosotros.
Sonia, sos la primera mujer en presidir una empresa minera en el país. Es una bandera que llevas, quieras o no. En este camino, ¿sentiste que tuviste que trabajar el doble para ocupar este lugar?
La minería es una industria dura y compleja para todos, sin distinción de género. Sin embargo, lo que marca la diferencia es el acceso a espacios de toma de decisión real. No se trata solo de que nuestra voz se escuche, sino de tener derecho al voto en un directorio donde se definen las estrategias. Las mujeres que logramos llegar tenemos la responsabilidad de generar condiciones para que otras entren y, sobre todo, se mantengan en la industria.
Hablas de “sostenerse”. ¿Qué es lo que la mirada femenina le aporta de manera diferencial a la minería?
Aportamos perseverancia y una gestión absoluta, pero sobre todo una visión más humana y colaborativa. En esto, las redes de contención como WIM (Women in Mining) y otras ONGs son fundamentales. Los procesos de equidad son largos, con avances y retrocesos, y esas redes son las que nos permiten compartir experiencias y no claudicar.
En diciembre recibiste el premio a la “Mujer Minera del Año”. ¿Sentís que con ese reconocimiento rompiste un techo o todavía falta mucho para alcanzarlo?
Cuando recibimos la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) para producir, hablé del “techo de cristal”. Pero siendo sincera, creo que las mujeres enfrentamos un techo de acero blindado. No es algo exclusivo de la minería, pero nuestra industria está hiper-masculinizada. Antes existían mitos absurdos, como que la Pachamama se enojaba o la veta se cortaba si una mujer entraba a la mina. Eso se rompió con trabajo, pero el acceso a cargos jerárquicos sigue siendo mayoritariamente masculino.
En Hualilán se ve a muchas mujeres trabajando. ¿Cómo se logra que no sea solo por cumplir un cupo y que realmente hagan carrera?
La clave es la cultura empresarial. Si no hay una decisión corporativa de formar y contener, es imposible. La mujer debe sentir que no está ahí para llenar una estadística, sino para desarrollarse. Hay que crear entornos que valoren el talento y ofrezcan posibilidades reales de crecimiento.
¿Sentís que la industria argentina está lista para este cambio o todavía queda mucho en lo discursivo?
Se está avanzando, pero las estadísticas de las chicas de WIM son crudas: todavía falta mucho para que la toma de decisiones sea equitativa. De todos modos, quiero aclarar algo: no creo en la competencia de “hombres contra mujeres”. Creo en equipos mixtos e integradores, donde convivan hombres, mujeres, la experiencia de los mayores y el empuje de los jóvenes. El éxito está en integrar todos los saberes.
Nos escuchan en este momento mujeres en Ullum, Iglesia, Jáchal, Calingasta y Sarmiento. Muchas te ven como un espejo, como esa meta a la que quieren llegar en 10, 15 o 20 años. ¿Qué consejo les das a esas chicas que sueñan con liderar en la minería?
Mi consejo es claro: hay que capacitarse, formarse y tomar cada oportunidad que aparezca, donde sea. Estoy convencida de que los espacios que uno no ocupa, los ocupa otro. A veces lo nuevo genera inseguridad o duda, pero para mí el temor siempre ha sido motivacional. Los miedos son desafíos y hay que ir tras ellos.
Es un mensaje muy potente. A veces el miedo es lo que nos frena o nos paraliza, pero vos propones usarlo para avanzar.
Es que el miedo, si te paraliza, te maneja y te estanca. Hay que superarlo y actuar incluso con miedo. Solo así podemos crecer y demostrarnos a nosotras mismas que somos capaces. En Hualilán vamos por más: ya cumplimos hitos enormes y ahora nuestra meta inmediata es la primera colada, para luego seguir con la planta propia y el campamento definitivo.
Sonia, gracias por estas “pepitas de oro” que compartís desde tu experiencia. Es un lujo tenerte en el programa de la Cámara Minera.
Gracias a vos, Leo. Pero antes de terminar, por favor, permitime dos segundos. No quiero cerrar sin mencionar a las mujeres que son el motor fundamental de todo lo que logramos en Hualilán. Ellas ocupan roles clave como ayudantes, geólogas o en recursos humanos, y quiero nombrarlas porque su trabajo es lo que sostiene este proyecto. Ellas son:Daniela Saavedra, Brisa Jofré, María Suranitis, Cintia Zabalet, Antonia Aguilar, Elizabeth Merlo, Cecilia Gil, Flavia Doque, Juliana Benvenuto, Silvina Oliverio, Sofía Nievas, Nati Suárez y Janina Divaco. Todas ellas, y quien suscribe, somos las que hacemos que Hualilán funcione día a día.
Cámara Minera de San Juan