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Jueves, 02 de Marzo de 2017 06:52 Opinion
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Para algunos la palabra grieta está de moda. Puede que sí. Por eso cabe la pregunta ¿Está instalada la grieta en la industria minera?

Cada uno tendrá su respuesta en privado, la idea es puntualizar hechos y situaciones para saber desde dónde se hace un análisis.

El sector minero, desde siempre, o por lo menos desde hace 19 años, jamás tuvo su propia agenda. Una suerte de voluntarismo secuenciales permitieron desde 1994 al 2004 implementar una acción conducente que no quedó trunca con el cambio de gobierno de Carlos Menem a Fernando De La Rúa y mientras ejerció el poder Eduardo Duhalde y en los primeros años de Néstor Kirchner.

Coincidimos en que desde 2005 en adelante, el cineasta Federico Fellini se hubiera re inspirado parav su creación titulada “La Nave Va”, y sin duda se podría basar en la minería argentina. Nadie se explica cómo, en los mejores años de la industria minera nacional, se tuvo la peor de las gestiones en el gobierno nacional y su correlato en algunas jurisdicciones.

En los últimos 12 años el sector se manejó como pudo y según el afortunado de turno que caía en gracia, la pasaba bien, y el resto miraba y esperaba la vuelta de la ruleta.

Nunca existió agenda común. Cada uno se empilchaba como podía y salía al mercado con la mejor de las caras.

La falta de coincidencia en llevar adelante una hegemonía sectorial que beneficie a los más, provocaba que cada uno, privado, estatal, pyme o empresa, para lograr su cometido hacía la que le convenía. Esto caló hondo y generó una forma de manejarse.

Una cultura sectorial definida.

Ser un sector emergente allá por 1999, terminó con el club de amigos o aspirantes a ser parte de una industria. A inicio de siglo se medía en no más de 200 participantes activos en reuniones y tertulias. Eso se multiplicó, y esta expansión trajo la llegada de nuevos actores, renovadas formas, otros conceptos y nuevas lógicas de relaconamiento. Rápidamente aniquilaron las características de homogeneidad de fines de los noventa. Si a esto le sumamos la inoperancia, incapacidad, amoralidad y otros males que trajo Jorge Mayoral, el sector minero fue mutando sin rumbo. Podemos incluir, en esta aseveración, la influencia de Barrick al arribar a San Juan.

Esa fotografía de la industria minera necesitó de otras premisas o lineamientos. Lo que antes se hacía en forma homogénea, después no. La falta de lectura social llevó a crisis profundas que no tuvieron ningún tipo de estudio, análisis o profundización. Así anclaron los anti mineros; los gremios inventados, las cámaras de conveniencia, los amigos del poder despótico y sin estómago. Y el sector, nunca reaccionó. Y el “sálvese quien pueda” fue la cultura imperante. Aún hoy persiste.

Cuando uno trataba de componer un tablero sectorial no había forma de establecer focos que amalgamaran a la mayoría.

Nunca los anti mineros fueron abordados en forma institucional. Jamás existió una línea de acción para contrarrestar los conflictos sociales generados desde el pretexto de la minería. Tampoco existió un lineamiento para enfrentar a las leyes prohibitivas en las provincias. Nunca se plantaron, ante el poder de turno para desafiar políticas erróneas. Siempre callaron. Se sometían.

La minería, como sector, no supo exhibir logros y fortalezas con coraje y convicción. Siempre iban detrás de los números de la recaudación fiscal e incidencia económia como salvataje.

Todo esto, existió y existe. Estas fortalezas deberían ser el nutriente para demostrar a propios y ajenos que hay elementos contundentes para exhibir a la sociedad qué se hizo en forma amigable, consensuada y eficiente. Hubo errores, pero hay que entender que son mineros, no jesuitas.

La fortaleza, lo experimentado, la revalorización de aciertos demanda que todos cedan pasiones y conveniencias y accedan, a construir de una vez por todas, una agenda sectorial minera. Acordar diez ejes de entendimiento. Trazar una línea de trabajo mancomunado, con lo mejor de cada uno.

Por los sinvergüenzas y atorrantes que pululan, no hay que preocuparse, el sector los decantará sin muchas vueltas. Hay que animarse a romper con los egos y la falta de solidaridad. Trabajar en los aciertos y las virtudes. Animarse a derrumbar a la corrupción privada y estatal, ya que su principal aliado es la inercia del conjunto que no hace nada contra ellos.

Hoy, a diferencia de hace 20 años, existen en la industria minera recursos humanos calificados. Experiencia y capacidad de transformación.

Valdría la pena pensar que, si se establece una agenda de coincidencias, se trabaja para consolidar más de 4.000 Pymes que generó la industria. Se afianzan los más de 50 mil puestos de trabajo directo reales y más de 400 mil indirectos, también reales, este sector no necesita inventar números. Están y son concretos y vigorosos.

A la minería le hace falta una agenda. Una mesa de debate grande. No para enfrentar egolatrías y soberbias, se merece una oportunidad para mancomunar conocimiento y buena voluntad . La industria lo demanda y el país necesita un sector fortalecido desde sus entrañas y no que mendigue a la política para garrapiñar algo. No arribará el Mesías, tampoco llegarán iluminados.

Sólo pensemos que hace 20 años, mucho de lo que hoy se observa no existía. Si se fue capaz de eso, pese a las pestes y marejadas sufridas, ¿cómo no ser optimista de esta industria?, y de lo que puede ofrecerle a la Nación. Si se avanzó sin agenda de coincidencias, con impresentables en el gobierno, caraduras e inoperantes por doquier ¿Qué distinto sería si se trabaja en objetivos comunes y con sentido común? Habrá que hacer la prueba. Existen excelentes y experimentados recursos humanos. No hay que perder más tiempo.

 

Prensa Geo Minera // Por Claudio Gutierrez